
El tiempo gotea en mi oído
Y la noche se ha vuelto día
El sueño no me visita,
Solo me asalta el silencio
Atrapado en el trajinar sin pensamiento.
Salidas no hay en las puertas,
Escapes no hay en la huida,
La voluntad involuntariamente cede
Y la locura reina de nuevo.
Adentro, bien adentro
En las profundidades de la profundísima oscuridad de mi alma,
Brilla un pequeño palpitar que crece,
Rompe la noche
Corta con su luz multicolor mis entrañas.
Se abre una mágica herida benigna
Por donde escapan los átomos y atomitos
Que componían mi alma descompuesta.
Oxigenado el espíritu, la vida recomienza
Impetuosa y sin prisa;
El portal esta abierto, pero no es una salida,
Es menester entrar, para poder estar libre.
Diego E.
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