VIENTO



El calor liquido acaricia toda la superficie de mi ser, esa capa sensible que es capaz de provocar las mas placenteras y dolorosas sensaciones, en la oscuridad, el agua caliente abre cada uno de mis poros mientras la calma me adormece; el sonido del agua fluyendo y el vapor que respiro, evocan las sensaciones que me despertaba la pequeña quebrada de agua termal que recorría la finca de mi abuelo en el eje cafetero. Vapor y agua caliente en movimiento, la escena es casi idéntica, de no ser por la ausencia del viento que siempre fue mi compañero en mis salidas de campo. Un perturbador e insistente golpeteo irrumpe en mi intimidad obligándome a abrir los ojos de inmediato, enfurezco más con cada ruido, es la voz de mi madre anunciando a gritos el corto tiempo que tengo para prepararme y acompañarlos, como toda una familia ejemplar, a un acto de condecoración en el que ascenderán a mi padre al rango de Mayor General de la República.

***
Habíamos tomado ya varias cervezas y la carne estaba a punto de quedar lista, mis amigos y Amanda habían preparado todo con la complicidad de mi madre, todo para celebrar un año más de mi vida, acontecimiento que a mi parecer no es muy importante, puesto que para mí, todos los días son iguales y este infierno en el que vivo no cambia ni va a cambiar, pero no puedo negar que ellos me quieren, tenía que corresponder ese aprecio de alguna manera, en esa ocasión entregué sonrisas. Mientras servían los suculentos trozos de carne y mi amigo Santiago contaba su última aventura en el extranjero, vimos acercarse la caravana de camionetas blindadas organizadas una detrás de la otra como si protegieran algo que realmente valiera la pena, el gesto en mi rostro cambió de un extremo a otro, efecto que solo puede lograr él, me es imposible seguir entregando sonrisas cuando su nauseabunda presencia está cerca de mí. Un montón de uniformados comenzaron a bajarse de los vehículos y lo rodearon, el siguió su camino sin siquiera determinarlos, ellos rodearon la casa como si estuviéramos en zona de guerra y él se acercó a mí con una gran sonrisa falsa en el rostro ---Felicidades hijo, hace ya varios años que llegaste a este mundo, sigue tu vida tranquilo, sabes que mientras yo viva podrás esconderte bajo mi sombra y seguir haciendo lo que siempre has hecho, nada--- Esas fueron sus palabras, después de escuchar esto todos los asistentes guardaron silencio, él dio la espalda y sin decir nada más, entró a la casa conservando esa estúpida sonrisa, mi madre salió detrás de él con el gesto preocupado que siempre está en su rostro y que varía un poco de acuerdo a los estados de ánimo de aquel hombre.
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Un domingo como tantos, con poca gente en las calles, agosto había llegado; sería bueno que el viento haga justicia en esta ciudad y arrastre con su fuerza invisible toda la escoria que abunda por doquier. Mi espíritu me empujó de nuevo hasta el hotel más alto que encontré, era necesario que tuviera un balcón, no tardé en llegar al sitio adecuado y de inmediato alquilé una habitación perfecta en el piso 30. Abrí la puerta y presuroso me dirigí al balcón, ni siquiera descargue mi maleta, debía satisfacer mi necesidad lo más pronto posible, el contacto con el viento es indispensable para mí, aunque no lo puedo ver, su fría caricia me hace sentir en libertad; haciendo equilibrio en el borde del balcón, la ropa comenzó a estorbarme, era necesario bajar de ahí y deprenderme de mis vestiduras para tener un contacto más íntimo con esa brisa que había recorrido parajes infinitos, necesitaba sentirla en cada poro de mi piel.
Desnudo me balanceaba sobre la podrida ciudad, la corriente fría limpiaba de mí ser toda la porquería que a diario se me impregnaba por estar rodeado de seres inmundos, importantes para esta sociedad porque tienen propiedades y dinero. Me senté en el pequeño muro y después de mantener los ojos cerrados por un instante perdí la noción del tiempo, no había nada que pudiera perturbarme, me sentía realmente pleno; el mundo, el universo entero, se redujo solo a mí, el viento transmitía millones de sensaciones que solamente yo podía sentir, en esa bella tarde y después de mucho tiempo, por fin volví a ser parte del viento.
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Me disponía a desayunar pero había algo que no me permitía continuar con esa acción rutinaria, necesitaba completar el ritual aprendido de mi padre, para quien es indispensable leer el periódico mientras toma el desayuno, ordené a la sirvienta que me lo trajera y cuando lo tuve en mis manos la primera plana llamó mi atención de sobremanera, se trataba de un homicidio, había una foto de identificación de la víctima, su rostro me pareció familiar, el titular confirmó mi sospecha: “Asesinado Escolta del Brigadier General Vinasco”, en el fondo había una imagen grande de la escena del crimen distorsionada en la que solo se podía ver manchas rojas por todos lados, debajo de la grotesca fotografía había información detallada de la víctima, el delito y los sospechosos:
Un horroroso hecho de sangre fue descubierto la noche anterior en un apartamento ubicado en el oriente de la ciudad, la víctima fue identificada como Adalberto Rodríguez, de 38 años, oriundo de Baranoa Atlántico, quien era militar activo de la Brigada 35 y tenía rango de sargento primero, se desempeñaba como escolta del Brigadier General Tulio Vinasco. La víctima presentaba fuertes señales de tortura, tenía cortes profundos en las extremidades y quemaduras de tercer grado en varias partes del cuerpo. Algo muy particular de este delito es que a la víctima le fueron extraídos todos los dientes, la causa de muerte fue por ahogamiento, ya que lo encontraron con la cabeza dentro del inodoro en su apartamento. El occiso tenía en su contra varias denuncias por posible abuso sexual de niños desplazados por la violencia, que fueron archivadas por vencimiento de términos. La investigación se inclina sobre la hipótesis de que la causa y el autor de este crimen están relacionados con dichas denuncias. El Brigadier Vinasco en declaraciones a este diario defendió la honorabilidad del militar y lo calificó como una persona intachable, un ejemplo para la sociedad, afirmó que no descansará hasta dar con los autores de este hecho que enluta a las fuerzas militares del país.”
Terminé de tomar mi desayuno y cuando me dirigía a mi cuarto, mire a mi madre que sentada en la sala lloraba desconsoladamente, sus manos temblorosas sostenían un rosario dorado, digno de su estatus y su moral. Me enfurecí al verla así, ya que sabía perfectamente cuál era el motivo de su llanto, los años compartidos con ella me hicieron entender que todas sus lágrimas tenían que ver con mi padre, esta vez no era la excepción, cuando me vio, se acercó y me abrazo fuertemente mientras me decía entre sollozos que sentía un gran temor de que ese horrible asesinato tuviera relación directa con mi padre y que su vida corriera un gran riesgo. La abracé fingiendo comprenderla, hubiera sido inútil expresarle mis pensamientos, argumenté que la importancia de mi padre en este país evitaría que alguien se le pudiera acercar con intención de dañarlo y que los únicos que estamos realmente cerca de él somos ella y yo. Así logré tranquilizarla al menos hasta la tarde, cuando al ver a mi padre estalló en llanto nuevamente.
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Nunca había estado en un sitio tan desagradable, había un olor penetrante a mierda y orines, hacia frio y las paredes estaban húmedas, me rodeaban tres tipos con miradas perdidas y grandes cicatrices en la cara, por primera vez en mucho tiempo desee con todas mis fuerzas su presencia, no quería estar mas tiempo en ese sitio y él era mi única salvación, después de 4 largas horas al fin abrieron la reja, el sonido metálico me llenó de esperanzas y una voz recia pronunció mi apellido para hacerme salir, me apresuré a dejar el calabozo mientras pensaba que esta vez serviría de algo tener ese parentesco que muchas veces me avergüenza, cuando estuve frente a los policías me miraron de arriba abajo y comenzaron a reírse a carcajadas ---Así que usted es hijo de un Brigadier General de la república ja ja ja con esa pinta de marica no se lo cree ni su madre---  el golpe de realidad me estremeció y un escalofrió recorrió todo mi cuerpo al saber que no saldría de esa letrina tan pronto como había pensado, bajé mi mirada al suelo y guarde silencio, ya que sospechaba lo que estaba pasando  ---¿nos querías ver la cara maricon? la vas a pagar caro hijueputa periquero, ¿creíste que con esa carita de yonofuí te ibas a zafar fácil de esta? pues enteráte de que aquí vas a estar un buen rato, llamamos a tu “papito” y adiviná qué, pues que el Brigadier no tiene hijos periqueros como vos, y ahora toca meterte una buena disciplinada por mentiroso, periquero y maricon, ¿te crees de mejor familia? ja ja ja ja pues hay un lugar reservado para vos, ¡muchachos! ¡Llévenlo a la suite!---
Esa fue una de las noches mas largas de mi vida, me llevaron a un calabozo aun peor que en el que estaba y me hicieron desnudar, un chorro de agua helada por todo mi cuerpo me llevo a un estado de degradación que no podía soportar, mientras el frio y el dolor hacían que me retorciera en el suelo, esos malditos cerdos reían a carcajadas, después de varios minutos eternos dejaron de mojarme y me tiraron la ropa, que casi no pude agarrar porque el frio me había entumecido los dedos, cerraron la reja y se fueron sonrientes. A las 6 de la mañana del día siguiente me dejaron salir, me entregaron mis pertenencias pero en mi billetera ya no estaba el dinero, fui a reclamarles y después de amenazarme con volverme a meter al calabozo por “irrespeto a la autoridad” me devolvieron el dinero exacto para poder pagar el bus, llegué a mi casa añorando estar en mi cama y olvidar todo lo ocurrido, para mi mala suerte choqué con él cuando abría la puerta, fue mortificante encontrarme con su sonrisa irónica cuando comenzaba a sentirme seguro de nuevo    ---¿Que tal noche pasaste? ¡El general no tiene hijos drogadictos, que te quede claro, déjame salir que yo si tengo cosas que hacer!---
Tenía muchas ganas de borrar de su cara esa sonrisa que tanto me irrita, pero me sentía agotado y opté por irme a mi cuarto a dormir.
***
Se escuchó un fuerte balazo que me hizo cerrar los ojos involuntariamente, después de pocos segundos llego un aroma a pólvora que me pareció agradable, mi padre me tomo de la mano y empezamos a correr, cuando llegamos al pie del árbol de guayacán, encontramos a un mico pequeño que se agarraba la pata y chillaba de dolor, mi padre comenzó a explicarme que los micos son una plaga que se come todas las frutas y el maíz de la finca, que se atreven a meterse a la casa a robar y traen con ellos muchos parásitos ---Buen tiro mijo, ahora tendremos que acabar con su dolor--- me dijo mientras acariciaba mi cabeza, el mico no paraba de chillar, sus gritos eran desesperantes, mi papá le amarró un brazo con un pequeño lazo y lo comenzó a arrastrar mientras me hacia señas de seguirlo, su sonrisa era radiante y sincera, a pesar de los enervantes gritos yo también sonreía, me sentía feliz de tener la atención y el ejemplo de mi padre, después de caminar un poco el mico dejó de hacer ruido, solo trataba de romper la cuerda con los dientes, lo seguí hasta el rio, llegamos a la orilla de un remanso en que el agua cristalina parecía estática y los rayos del sol se reflejaban doblemente, primero en la superficie del agua y después en el fondo multicolor tapizado con piedras de todas las formas y tamaños. El mico estaba débil pero aun tenia intenciones de defenderse, de repente le lanzó una mordida a mi papá que le hizo sangrar un dedo, él reaccionó con ira y le dio al mico un golpe que le tumbó casi todos los dientes, el animal seguía vivo pero dejó de luchar. Mi padre lo tomo firmemente de la cabeza y lo hundió en el agua, mientras la sangre teñía de rojo lentamente el rio me dijo ---Este es un guerrero de la vida que ha sufrido ya suficiente, luchó hasta el final a pesar del dolor, pero ahora ese dolor esta abandonando su cuerpo, mira el agua hijo, ese es el dolor que ha dado paso a la paz, a la necesaria muerte que completa el ciclo de la vida, cuando seas grande lo entenderás mejor--- mi corazón parecía salirse de mi pecho al imaginar que el espíritu del guerrero estaba en los rayos de sol que atravesaban el agua rojiza.
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Una llamada de Amanda me hizo salir corriendo de la casa, entre lagrimas me dijo que necesitaba verme urgentemente, que había pasado algo terrible, cuando llegué a su casa la encontré muy deprimida, me abrazó y yo traté de calmarla…
--- ¿Que pasó?
---Algo espantoso amor
---mmm trata de calmarte y cuéntame
---Es Germán, ¿te acuerdas de él? nos lo encontramos el otro día en la calle, yo te lo presenté
---Aaa si, tu ex, cuéntame, ¿qué paso con él?
---Lo asesinaron de una manera horrorosa
Amanda casi no podía hablar porque el llanto no la dejaba, como pudo me comentó que alguien entró al apartamento del hombre en la madrugada y de alguna manera lograron inmovilizarlo para cortarle los labios y arrancarle los dientes, después lo ahogaron en una tina, yo traté de consolarla diciéndole que él fue un guerrero y mas por ser militar, un guerrero que luchó hasta el final, pero que ese guerrero ya había vencido al dolor porque ya no lo sentía, por fin estaba en paz. Ella asentía a mis palabras mientras me abrazaba fuertemente, en el fondo yo sentía un gran placer al verla aferrada a mi sin ninguna otra esperanza, sin otra opción que creerme y sentir mi protección.
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Estaba alcanzando la cúspide de su carrera, paso a paso había ido escalando, la mayor parte de su vida había sido un lacayo ejemplar, maestro de la destrucción y el engaño, ese día fue ascendido a Brigadier General de la República, muchos hombres dieron sus vidas para que mi padre recibiera su primer sol, para alimentar su infinito ego. Yo había dejado de asistir a las ceremonias porque me parecían el teatro más decadente y macabro, actos en los que el poder que da la guerra se movilizaba en aras de mantener aceitada la máquina de muerte que protege fielmente al mejor postor. En la casa habían organizado una reunión para celebrar, mi madre había invitado a Amanda, un par de mis amigos y un montón de “gente bien”, Amanda no había podido negarse a asistir, lo que me obligó a quedarme.
Estábamos distraídos en una animada charla al calor del whisky cuando logré escuchar un grito de Amanda desde dentro de la casa, salí corriendo y al entrar, escuché ruidos y forcejeo en el segundo piso, llegué a mi habitación y abrí la puerta, casi estallo de la ira por lo que vi: ese maldito estaba montado sobre ella agarrándole los brazos, ya le había desgarrado la blusa y como un cerdo le babeaba el cuello, la mordía, ella se esforzaba por soltarse pero era inútil, el detestable viejo era grande y fuerte, sin pensarlo dos veces me abalancé sobre él y se lo quite de encima agarrándolo a golpes, pero en menos de un minuto sus escoltas me tenían inmóvil contra el suelo.
El cobarde Brigadier quería presumir a sus compinches una medalla que hace poco le había impuesto el Ministro de Defensa, entró a la casa por ella y al pasar por mi cuarto miró a Amanda dormida en mi cama, ella estaba indispuesta y yo la había llevado a mi cuarto para que descansara un poco, el cerdo no resistió la tentación y se acercó despacio, para comenzar a manosearla, cuando ella despertó y se alejó de él como pudo, él le ofreció dinero y ante su negativa comenzó a humillarla, cuando ella trató de salir del cuarto, la golpeó y la tumbo a la fuerza en la cama.
Los escoltas rodearon la casa y no dejaron entrar a nadie más, debían resguardar el buen nombre de su superior, Amanda lloraba mientras trataba de arreglarse la blusa, el depravado la miraba y reía —Puras lagrimas de cocodrilo, suficiente he tratado con perras de tu calaña, aquí no vengas a hacerte la decente, gentuza como esta siempre quiere salir ganando, creen que inspirando lastima lo van a lograr. No sé porque el güevón de mi hijo, si es que puedo llamarlo así, fue incapaz de conseguir una mujer de su nivel, sino a esta hija de sirvienta, pero bueno allá él…  Muchachos aquí no ha pasado nada, tengan inmovilizado a ese güevonsito hasta que se calme, y a vos puta no quiero volverte a ver nunca más en mi casa.         Bueno muchachos nos fuimos, a mi mujer y a la gente díganles que a esta loca le dio un ataque, ya saben que mi esposa sufre del corazón, no sé si alguno de los presentes quiera cargar con la culpa de provocarle un infarto…—                                                                                                                                  Salió del cuarto luciendo su sonrisa, yo me sentía como un gusano bajo las botas negras.
***
---Mi Sargento ¿supo que el sábado mataron al cabo Quiñones?
--- Noo. A cual, ¿al negro?
---Si mi Sargento lo encontraron en un hotel, le habían volado todos los dientes y esos hijueputas lo ahogaron con el chorro de la ducha, cuando los propios entraron a la pieza el chorro le estaba cayendo en la cara y dicen que hasta lo miraron como sonriente, los de medicina legal dicen que el man estaba todo drogado, y con razón porque pa dejarse hacer eso toca estar ido.
---Uy güevón que vaina tan tenaz, yo el otro día leí en un periódico que a un soldado lo habían matado como parecido, mmm parece que hay algún hijueputa loco cazando gente de la ley.
--- Si, preciso le iba a comentar eso mi Sargento, ese man que ahogaron en un inodoro era el escolta de ese Brigadier Vinasco, y por eso se armó un escándalo serio.
--- Aaa si, el tal Brigadier Vinasco, ese fue al que la otra noche le agarramos el mariconsito ese del hijo metiendo perico.
--- Claro mi Sargento si fue el propio finadito Quiñones el que lo capturó y acá lo cogió de bate, si hasta lo empelotó y lo bañó con agua helada ja ja ja ja
--- ja ja ja ese Quiñones era medio loca también, pero bueno por lo menos gozó el negro drogo
---Que descanse en paz
---Pues sí, pero como sea hay que darle captura al hijueputa que está matando soldados y policías, debe ser algún malparido guerrillero, pero tarde o temprano lo agarramos y le hacemos lo propio, después lo legalizamos---
***
Cuando era niño me parecía que los militares eran los mejores hombres que existían, creía en su heroísmo y valentía, me sentía completamente orgulloso de que mi padre fuera uno de ellos y estaba convencido de que cuando creciera seguiría sus pasos, pero con el tiempo la realidad va golpeando las ilusiones hasta que las rompe. Un día cuando había cumplido 15 años, estaba curioseando en la colección de armas que había en el estudio de mi papá, cuando escuché pasos y voces que venían acercándose, entonces me escondí detrás de un mueble porque yo tenía la entrada prohibida sin compañía a esa oficina, me quedé quieto y callado, casi sin respirar, él llegó con varios hombres y comenzaron a conversar, yo no pude evitar escuchar que uno de ellos se reía mientras recordaba como mi padre había llegado a un caserío cerca de la costa norte y había reunido a todas las niñas y mujeres para escoger con cuales pasaría un “buen rato”, las que se negaban eran macheteadas inmediatamente y al resto las violaron en presencia de sus maridos e hijos; yo no podía creer lo que escuchaba, esa voz seguía describiendo la expresión en los rostros de esos “micos” cuando miraban como los “socios” partían a los líderes de la comunidad con moto sierras, todos en el estudio reían a carcajadas. Se reunieron ese día para repartir las ganancias que les habían quedado por despejar un gran territorio para que una multinacional lo llenara de palma africana, ellos estaban seguros que los “micos” estaban tan aterrorizados que nunca volverían a las tierras que durante varias generaciones habían habitado.
Empezaron a tomar whisky mientras seguían recordando historias de batallas, debí resistir mucho las ganas de vomitar escuchando los detalles de sus anécdotas, hasta que se acabó el licor y él comenzó a llamar a mi madre para que le trajera más, como ella se demoró un poco en llegar, cuando entró al estudio la recibió con un golpe en la cabeza que la tumbó al suelo, los otros malditos solo miraban y se reían, ella le rogaba que no le pegara mas, yo no resistí la ira y salí de mi escondite dispuesto a defender a mi madre, cuando me vio se puso pálido, sabía que yo había escuchado todo, que ya no podría engañarme más, hasta ese día había llegado su heroísmo ante mí, nunca más seria mi ejemplo, me daba vergüenza y asco ser hijo de un monstruo, una bestia asesina.
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Termino de arreglarme, a pesar de todo hoy es un día especial, después de desayunar nos recoge un automóvil negro apropiado para la ocasión, junto a nuestro carro van varias motos deteniendo el trafico para abrirnos paso, la base militar esta como a una hora de camino de la casa. Mientras dejo ir mi mirada entre las pocas nubes y el azul de una mañana soleada, el perfume que mi madre se pone desde siempre para ocasiones especiales, va trayendo imágenes dejadas al olvido.
En la finca de mi abuelo había un árbol centenario con casi 4 pisos de altura, siempre deseé trepar hasta lo más alto, donde miraba a las aves posarse, un día de vacaciones, mi padre me sorprendió embelesado mirando la copa del árbol y me convenció de que con su ayuda, sería capaz de alcanzarla, me contó que él lo había hecho varias veces cuando era niño, en un momento me levantó entre sus brazos para que pudiera colgarme de la primera rama, de ahí en adelante me dijo que solo sería como subir una escalera, despacio, peldaño a peldaño, el subía detrás de mí, pendiente de lo que hacía, después de unos minutos los peldaños se fueron separando y por ser más delgado, el tronco se tambaleaba, yo sentí miedo, pero mi padre me explico que todo dependía de mi, que si me dejaba vencer por el miedo, caería inevitablemente, pero que si en cambio, lo enfrentaba podría llegar tan alto como quisiera y sentir la caricia del viento en mi rostro, entonces tuve el valor suficiente para seguir subiendo, cuando llegamos a la ultima rama miré junto a ella en el tronco el nombre de mi padre tallado, y una fecha muy lejana, cuando él en su infancia vivía en la finca con el abuelo y la abuela, no podía parar de sonreír cuando él me pasó su navaja para que grabara mi nombre en el mismo tronco, después de hacerlo me dio un par de palmadas en el hombro felicitándome por haberlo logrado, nos sentamos en una rama gruesa y un fuerte viento hacia tambalear el gran árbol de un lado a otro, yo ya no sentía miedo, mis ojos comenzaron a cerrarse para poder sentir mejor e imaginar todos los lugares que había recorrido esa fría caricia que estremecía mi cuerpo, me deje llevar por las sensaciones y en esa bella tarde por primera vez me sentí parte del viento.
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Estamos ya en la base militar, él está reunido con sus compañeros que también serán ascendidos yo me siento con mi madre en las filas dispuestas para las familias, un poco más adelante se encuentra el Presidente de la República, quien desde su asiento le sonríe a mi madre, en el campo preparado para la ceremonia hay dos helicópteros y varios jeeps parqueados, la falsedad se puede respirar, la ceremonia ha empezado, mi deber me obliga a retirarme.
El Presidente se acerca solemnemente a él para imponerle las insignias que lo llevaran a la meta más alta de su carrera, Mayor General de la República, su pecho se infla de orgullo mientras recibe los soles, pero cuando el Presidente le está dando la mano para oficializar el acto, se escucha un ruido fuerte y seco, la cabeza del Mayor General se destroza, él cae al suelo pesadamente, el caos se apodera de la selecta multitud, montones de militares se alarman y buscan el origen del disparo, hasta que me encuentran sonriente con el revólver en la mano escondido junto a un jeep. Mientras la vida abandona el cuerpo del general, yo siento que mi liberación ha llegado con este acto de justicia, de ahora en adelante será él quien esté abajo; todos quieren matarme, pero como hay muchas cámaras presentes, solo me detienen, mi madre se acerca con una expresión indefinible en su rostro, yo la beso y le sonrío, por fin es libre.
Quieren que me pudra en la cárcel, ahora las investigaciones han descubierto al autor de los extraños homicidios de militares y policías, ya que mi madre aterrorizada le entregó a la policía la colección de dientes que encontró en mi cuarto, en un cofre que estaba junto a una foto de mi padre y yo, la verdad esos tres hombres si merecían morir como verdaderos guerreros, ser liberados del peso de su existencia como siervos de la muerte dejando que el agua limpiara sus cuerpos del dolor, por el contario, aquel detestable hombre que fue mi padre murió como debía morir un cobarde, humillado en público, degradado ante quienes le rendían pleitesía, por obra de la persona que él mas detestaba, su propio hijo, un final adecuado para un monstruo de esa naturaleza.
Todos querían que me llevaran a una cárcel horrible por haberle hecho tanto daño a la patria, pero se quedaron con las ganas. Hoy estoy en un lugar campestre, rodeado de jardines, en donde puedo ser parte del viento cuando quiera, he logrado evadir las medicinas que me tenían adormecido, estoy despierto y lúcido para contar mi historia, el plan está elaborado, he descubierto la manera de salir, esta noche volveré a la ciudad en busca de mi Amanda.



 Diego E.
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